domingo, 13 de noviembre de 2011

MARTIN DE PORRAS: Patrono de la Justicia Social en el Perú


Cuando el sueño de vivir como hermanos se hace realidad.
En 1939, cuando se cumplían 300 años de su muerte, el entonces presidente de la República, Oscar R. Benavides, declaró al humilde fray Martín, como Patrono de la Justicia Sociual en el Perú; un título importantísimo que encierra muchos significados, pero sobre todo, nos habla de igualdad y compromiso.
¿Qué llevó a este sencillo fraile a que reciba tal honor? Desde que se encontró en el vientre materno, fue víctima de las injusticias. Su madrem Ana Velásquez, proveniente de África, había conseguido la libertad poco tiempo antes y aún no podía quitarse el estigma de haber sido esclava. De su amor con el español Juan de Porras, nacería nuestro santo y su hermana Juana; sin embargo, también el haber sido hijo de una unión libre, lo marcó de ilegítimo. Mulato, así nació Martín, este era un adjetivo peyorativo otorgado a los hijos de españoles con mujeres negras, el apelativo que cargó por mucho tiempo. Transcurrió parte de su vida por el barrio de Malambo(hoy parte del Rímac), siendo testigo de la dsicriminación de las "razas" y objeto de insultos por parte de los que no conocían su buen corazón.
Finalmente, ingresaría al convento dominico en calidad de donado, de siervo, por ser hijo ilegítimo, y a su vez, mulato. No podemos juzgar aquella época, si no nos situamos en el contexto, ni el mismo Martín la juzgó.
Martín, dotado de notable inteligencia, nunca albergó en su corazón el resentimiento hacia los opresores, e incluso, pudo haber sido uno de los tantos caudillos, como un cimarrón más, pero su manera de protestar ante la desigualdad fue más silenciosa, pero certera; nunca resignada, antes bien cristina y valiente.
Tras nueve años de vivir como donado, por sus virtudes y méritos, fue admitido, ante la sorpresa de muchos, como hermano profeso, pasndo a llamarse fray Martín. Desde aquel momento "cambia de status" y es puesto a trabajar en la enfermería. Este lugar sería el púlpito desde el cual haría las mejores prédicas, ayudado de sus manos diestras para la medicina herbolaria y para las labores de cirujano dentista de aquel entonces. Desde aquel lugar, que hoy es una capilla dedicada a él, daba alimento y sustento a cientos de personas que a diario pasaban por una caridad del "hermano mulato", hasta los perros callejeros y los gatos peleoneros, encontraban un refugio con él. Podríamos imaginar que Martín atendería con mayor fervor a sus hermanos negros y, a los blancos lso trataría con algo de recelo. ¡Eso sería discriminar! lo que no esxistía en el lenguaje de fray Martín. Nuestro santo de la escoba, atendía con cariño paternal a los indígenas, a los esclavos africanos y a los libres, a los criollos y españoles venidos a menos, a las altas autoridades como el señor Virrey, el Arzobispo electo de México, de quien era muy amigo, y a varias personalidades de su entorno y por supuesto, a sus hermanos de orden, incluso al que en una ocasión le gritó: "perro mulato". Se hizo todo con todos.
"Mantenía en su celda nuestro buen lego un perro y un gato, y había logrado que ambos animales viviesen en fraternal concordia. Y tanto, que comían juntos en la misma oscudilla o plato, Mirábalos una tarde comer en sana paz, cuando de pronto el perro gruñó y encrespóse el gato. Era que un ratón, atraído por el olorcillo de la vianda, había osado asomar el hocico fuera de su agujero. Descubriólo fray Martín, y volviéndose hacía perro y gato les dijo: -Cálmense, criaturas del Señor, cálmense. Acercóse en seguida al agujero del muro y dijo: -Salga sin cuidado, hermano ratón. Paréceme que tiene necesidad de comer; apropíncuese, que no le harán daño. Y dirigiéndose a los otros dos animales añadió: -Vaya, hijos, denle siempre un lugarcito al convidado, que Dios da para los tres. Y el ratón, sin hacerse rogar, aceptó el convite, y desde ese día, comió en amor y compañía con perro y gato". (Ricardo Palma, Tradiciones Peruanas)
Hcer vivir en comunión a tres seres que nunca podrían hacerlo, así lo hizo fray Martín también con la gente que lo conocía. Su portería fue testigo de cómo se juntaban tantos menesterosos hermanados por el hambre y la tristeza, extenuados por la vergüenza o por las "etiquetas". Acompañado de un "yo te curo, Dios te sana", "Fray Escoba", consolaba y catequizaba al hermano, para que no albergase en su corazón el odio, la venganza y la división. Así lo hizo, hasta que el 3 de noviembre de 1639, pero también después de su muerte comprobamos que sus devotos provienen de los más diversos orígenes. Al acudir a su procesión central en Lima, mayormente los terceros domingos de cada mes, veremos el desfile de hermanos llegados de muchos lugares, condiciones y colores, sin aquella etiqueta, que aún hoy, para muchos nos diferencia; tan solo con la "etiqueta" que dice: "soy cristiano, hermano de fray Martín".
Así pues, no podríamos siquiera dudar que Martín haya sido proclamado Patrono de la Justicia Social en el país, digno embajador de la unidad, del respeto al otro y de la caridad, especialmente con el que más sufre. A nuestro Martín, Martín de la Caridad, Martín de los Pobres, Martín de Lima y Martín de todos, encomendamos la misión de ser uno y de vivir reconciliados, una llamada urgente para todos los peruanos.

José Miguel Villaverde

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